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Entrenamiento5 min de lectura

Tu cuerpo no entiende de apuros: entiende de lo que hacés todos los días

Tu cuerpo no entiende de apuros: entiende de lo que hacés todos los días

Arrancás un lunes. Te comprás ropa para entrenar, te anotás en el gimnasio y decidís que esta vez vas en serio. Organizás algunas comidas, cumplís las primeras sesiones y empezás a mirarte más seguido al espejo.

Una semana después, aparece la pregunta: "¿Y cuándo se me va a notar?".

A veces queremos que el espejo confirme el jueves una decisión que tomamos el lunes.

Entiendo esa ansiedad. Cuando finalmente te decidís a hacer algo por vos, querés sentir que vale la pena. Querés que la ropa te quede diferente, recuperar confianza y comprobar que ese esfuerzo está dando resultado. El problema aparece cuando la urgencia empieza a dirigir el proceso y terminás exigiéndote cambios que todavía estás aprendiendo a construir.

Como entrenador, me interesa hablar de esto porque detrás de esa impaciencia suele haber mucha ilusión. Y sería una lástima que abandonaras algo que puede hacerte bien por haber empezado con una expectativa imposible de sostener.

Tu decisión puede cambiar en un día. Tus hábitos necesitan práctica y tu cuerpo necesita tiempo.

Un plan para tu vida real

Después de tantos años dedicado al entrenamiento, cada vez le doy más valor a lo que una persona puede sostener dentro de su vida real. Ese entusiasmo del comienzo es valioso, pero también quiero saber qué va a pasar cuando tengas mucho trabajo, cuando llueva, cuando estés cansado o cuando aparezca una invitación a comer.

Ahí es donde el plan tiene que acompañarte.

Si nunca entrenaste, al principio también estás aprendiendo a organizarte, a conocer los ejercicios y a reconocer tus posibilidades. Si nunca prestaste atención a tu alimentación, estás incorporando decisiones que antes resolvías de otra manera. Todo eso merece espacio.

Y cuando hablo de alimentación, quiero aclarar algo: no necesitás haber vivido "a dieta" para empezar a cuidarte. Necesitás aprender a comer de una forma que acompañe tu objetivo y que puedas sostener.

Cuando entrenás y sentís que nada cambia

Porque también está quien lleva tiempo yendo al gimnasio y siente que nada cambia.

Quizás te identificás: entrenás varias veces por semana, reservás ese tiempo, pagás tu mensualidad y hacés un esfuerzo real. Pero después resolvés las comidas como podés, improvisás todo el día y das por hecho que el entrenamiento va a compensar cualquier desorden.

O te pasa al revés. Elegís tus alimentos con cuidado, preparás tus comidas y sentís que estás haciendo todo bien. Sin embargo, cuando llegás al gimnasio, repetís ejercicios sin saber para qué, cambiás la rutina según lo que viste en redes o terminás la sesión sin tener una referencia de cómo venís progresando.

Podés estar esforzándote mucho y, aun así, necesitar una mejor dirección.

Eso merece una revisión, no una condena.

"Yo como bien" necesita contexto

"Yo como bien" es una frase que necesita contexto. Comer de manera saludable es una buena base, pero también importa cómo se relaciona esa alimentación con lo que buscás, con tu actividad y con tus necesidades. Elegir alimentos considerados saludables, por sí solo, no nos dice si tu alimentación está bien ajustada a tu objetivo. Para eso también sirve el acompañamiento de un profesional de nutrición.

Con el entrenamiento pasa algo parecido. Ir al gimnasio es un paso importante; aprovechar ese tiempo implica trabajar con una planificación, aprender la técnica y ajustar la dificultad a medida que avanzás. El sudor, el agotamiento o el dolor del día siguiente no son una medida suficiente de la calidad de una sesión.

A mí me interesa que entiendas qué estás haciendo y para qué. Que puedas reconocer tus avances y que tengas a quién acudir cuando algo no funciona como esperabas.

También quiero que miremos el proceso completo. Tu descanso, tus horarios, el estrés y las posibilidades que tenés para organizarte forman parte de esa conversación. Sería demasiado fácil reducir cualquier dificultad a "te falta disciplina". Hay personas que necesitan un plan más realista, más apoyo o ajustes que todavía nadie les explicó.

Hacerte responsable de tus hábitos puede ir de la mano con tratarte con respeto.

Lo que repetís a lo largo del tiempo

Por eso, cuando digo que tu cuerpo entiende de lo que hacés todos los días, hablo de lo que repetís a lo largo del tiempo. Eso incluye descansar. Incluye disfrutar una comida con amigos y continuar con tu organización después. Incluye tener una semana complicada y retomar sin sentir que tenés que castigarte.

Una comida diferente no borra tu esfuerzo. Faltar un día tampoco convierte todo el proceso en un fracaso. Lo que puede complicarte es interpretar cada imprevisto como una razón para abandonar y esperar, otra vez, al próximo lunes.

La constancia necesita espacio para la vida que realmente tenés.

Mirar más allá del espejo

También te invito a mirar más allá del espejo. Aprender a ejecutar mejor un ejercicio, ganar fuerza o conseguir una regularidad que antes no tenías son avances que vale la pena reconocer. No reemplazan tu objetivo físico, pero te ayudan a ver que hay un proceso en marcha.

Y tener paciencia también implica evaluar. Si pasa el tiempo y no hay avances hacia lo que buscás, corresponde revisar la planificación, la alimentación y las dificultades que aparecieron. Un buen acompañamiento tiene que ayudarte a hacer esos ajustes.

Mi trabajo como entrenador incluye orientarte, explicarte y acompañarte para que ese esfuerzo tenga sentido. Tu participación es darle continuidad y hablar con honestidad de lo que podés sostener y de lo que te está costando. Ahí podemos trabajar de verdad.

Quiero que logres verte mejor y que puedas disfrutarlo. Que dejes de vivir cada intento como una carrera desesperada y empieces a construir una forma de cuidarte que tenga lugar en tu vida.

La próxima vez que te preguntes "¿cuándo se me va a notar?", sumá otra pregunta: "¿Qué estoy aprendiendo a hacer de manera constante?".

Porque la ilusión te puede llevar a empezar. Lo que repetís, revisás y sostenés es lo que le da continuidad al cambio.

Tu cuerpo no entiende de apuros: entiende de lo que hacés todos los días. Dale tiempo y hábitos que acompañen lo que esperás de él.

Ronald Medina · Zardelfitness

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